domingo 15 de noviembre de 2009

AMOR, NO A LA CONTAMINACIÓN DE LA CONCIENCIA

FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES (España/Cuba)
Criterio.
CIINOE. ciinoe@hotmail.com
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Amor, equilibrar mejor que magnificar. Pero... Magnificar mejor que minimizar. Quien magnifica, cuando menos, obtendrá lo mínimo. Quien minimiza podrá no obtener nada.
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Por lo demás... No podemos conocer de antemano cuáles de nuestras acciones significativas se convertirán en un recuerdo incidente, importante recurrente, perdurable en nuestra conciencia. Y en la conciencia de otros que nos importan, que nos han llegado a importar. Tenemos pues que cuidar nuestras acciones incluso desde antes de iniciarlas. Cuidar desde el presente, tanto el futuro como lo que será nuestro pasado. Cuidar la no contaminación de la conciencia. De las conciencias.
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jueves 22 de octubre de 2009

AMOR, CON PALABRAS ME AUGURO

FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES (Cuba/España)
Criterio.
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Cada mañana al despertar me quedo un momento en la cama y reúno las fuerzas para levantarme y asumir el día. Mucho de lo que contendrá ese día lo conozco, viene de antes, o puedo preverlo. Mucho será difícil. Duro. Complejo. ¿Cómo reúno las fuerzas? Por medio de lo que la individualidad que soy se dice a sí misma en su conciencia. Por medio del pensamiento positivo que estructuro en palabras. Porque también en ese día mucho será, ya es, ya ha sido, volverá a ser, bienhechor, amoroso, solidario, y puede que hasta creador, hermoso, divertido… ¡Ah, las palabras! Poderosas las palabras, amor. Con palabras me afirmo. Con palabras me proyecto. Con palabras me defino. Con palabras me reto. Me comprendo. Me conforto. Con palabras me auguro.
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martes 8 de septiembre de 2009

AMOR, NO A LA SACRALIZACIÓN DE LA SOLEDAD

FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES (Cuba/España)
Criterio.
CIINOE. ciinoe@hotmail.com



¿Qué sabemos de cómo sentían los primeros seres humanos? ¿Qué sabemos de cómo pensaban? ¿Qué sabemos realmente? Desde luego tenían existencias mucho más breves que las nuestras. Y desde luego estaban más cerca de las bestias que nosotros -y eso que algunos aún en el mundo contemporáneo desde su supuesta racionalidad pueden ser más bestiales que cualquier animal desde su irracionalidad-. Nos comportamos socialmente de modo reiterado como si los humanos hubiéramos alcanzado un estado óptimo en nuestra condición humana. Un estado óptimo de racionalidad. Y es un gravísimo error este comportamiento. Porque tiene puntos de partida irreales. Bases irreales. Ejes irreales. Y analiza, dictamina, exige al otro de maneras irreales. Y espera, examina y concluye a niveles individual y colectivo desde una irrealidad que genera injusticias, frustraciones e impotencias. Que genera valores falsos, dictámenes carentes de objetividad y de lucidez. La defensa de la individualidad -que nunca del individualismo- no debe y no tiene que ser la glorificación de la soledad afectiva en cuanto a la posibilidad de la pareja. Amor, no a la idealización de la soledad. No a la sacralización de la soledad. Me refiero a la auténtica soledad, que es sola. Ya los humanos nos hemos inventado bastante desde los tiempos de los tiempos para asumir menos aterrados nuestros temores, nuestros desconocimientos, nuestras incapacidades, y nuestras deformaciones y malignidades. Y las angustias de todo proceso de crecimiento. No nos reinventemos a la soledad como un valor porque no lo es. Otra cosa es que, mientras continuamos intentando la compañía más completadora posible, tengamos que aprender a seguir acompañados o solos afectivamente y en cuanto a la pareja. Que tengamos que reconocernos y amarnos -exigiéndonos siempre ser mejores-, cada uno a sí mismo -aunque no por encima de nuestro amor por los otros-. Y que la pareja se conciba en amor como una de iguales y como un cauce para el desarrollo más pleno de los dos. Pero el ser humano es para la comunicación. Es en comunicación. Y no hay comunicación más intensa que la del amor. La del amor que lo es. Que es amor con amor. Y la pareja son dos unidades completas en sí y a la vez incompletas que al amar y amarse se completan. Decrétese. Téngase en cuenta.
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jueves 20 de agosto de 2009

EL AMOR ES UNA POSIBILIDAD

FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES (Cuba/España)
Pensamiento.
CIINOE. ciinoe@hotmail.com


El amor es una posibilidad si se concibe como una hazaña.
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jueves 13 de agosto de 2009

EL AMOR NO TENDRÍA QUE DEPENDER...

FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES (Cuba/España)
Pensamientos.
CIINOE. ciinoe@hotmail.com
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El amor no tendría que depender sólo de la capacidad de amor de la persona que ama sino por igual de la capacidad de amor de la persona amada.
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El amor de la pareja tendría que depender por igual de dos naturalezas amorosas; de dos capacidades y voluntades de amor.
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Si el amor depende de la capacidad de amor tanto de uno como de otro miembro de una pareja: el mundo está ante dos amantes.
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Dos amantes, dos capaces de amar y que se aman, tienen una genuina posibilidad de amor; una posibilidad de construir su amor entre tanto desamor; y de construir cada día su permanencia y su ascensión.
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jueves 23 de julio de 2009

SE NECESITA MUCHO AMOR

FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES (Cuba/España)
Criterio
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Creo que de lo más difícil, de lo más complejo que afronta una relación de amor, una de cualquier ámbito, es el crecimiento del otro.
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Crecimiento imprescindible que es proceso y resultados, transformaciones, y establecimiento de nuevos códigos en la relación, de nuevas situaciones y prácticas porque resulta que ha cambiado una individualidad y, por tanto, en buena medida, se han modificado las circunstancias todas de la relación.
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Y, sin embargo, frecuentemente quien debe crecer suele tener el apoyo del otro: el de sus padres si se trata de una relación padres – hijo; el del otro de la pareja si se trata de una relación de amor…
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Si para los padres puede ser traumático hasta lo en apariencia más sencillo, como que el hijo o hija al crecer le exijan que dejen de llamarle con el diminutivo con el que siempre le han nombrado; para el otro de la pareja que eligió de inicio a una persona con determinadas características, aceptar que el crecimiento puede llevarle a convivir con alguien muy diferente, además de lo que puede significar en positivo (incluso por la participación que se haya tenido para propiciar o coadyuvar el cambio), igual trae consigo desconocimientos, desencuentros, inseguridades, temores y hasta desamor, hasta la imposibilidad de amar a quien se ha transformado o, lo que puede ser tan doloroso, el comprobar que quien creció ha dejado de respetar, de valorar, de amar en suma a quien estuvo allí con su amor y le cuidó, respaldó y sumó a su desarrollo.
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Se necesita mucha grandeza para ser parte de un proceso de crecimiento humano cuando la relación es de amor, de esencial y necesario amor.
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lunes 22 de junio de 2009

AMOR, NO DEJAR COMO TAREA A LOS ESPÍRITUS

FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES (Cuba/España)
Testimonio.


Todos los pobres nacían en la Maternidad Obrera de Camagüey. Al menos los que en 1947 vivían en la ciudad, o cerca y lograban llegar a tiempo. Una ciudad del centro de la isla mayor del archipiélago cubano, de la isla con forma de caimán. Una ciudad sin mar porque después de varias invasiones de los corsarios y piratas se la habían llevado lo más lejos posible de la costa. Santa María de Puerto Príncipe se llamó primero. Una ciudad sin montañas porque casi toda la provincia era, es, una extensa llanura. Sin un río grande. Sin lagunas o lagos. Y sin importantes monumentos históricos. Con otros encantos. Con otros méritos. Con otros dones.

Mi madre casi había muerto durante el embarazo y decía que se salvó gracias a una transfusión de sangre de su hermano menor, el único varón de cinco. Parece que lo de la compatibilidad sanguínea fue difícil. Yo nací con un peso considerable. Hay fotos de cuando tenía nueve meses, en especial una donde estoy vestido con una camiseta llena de pequeños rotos (supongo que contribución artística del fotógrafo), sentado en el suelo, y con una enorme pelota delante, preanuncio de que en la niñez sería algo pudoroso. En esas fotos, pocas por la pobreza, se ve lo bien alimentado que estaba. Las fotos comparten mi mirada de entonces, una mirada de quietud e ingenuidad, y de alguien que ha decidido dejarse fotografiar.

Recordaba cada cierto tiempo, mi madre, a su compañera de habitación en la Maternidad y al niño nacido casi a la misma hora que yo. Mi madre tenía una propensión a considerar a las personas, con las que iba coincidiendo en instantes de excepción, como sus amigas para toda la vida. Y me traspasó esa tendencia tan generadora de desilusiones. Hablaba de aquella mujer y de aquel recién nacido como de seres entrañables. Tengo la sensación, no sé si por algo que mi madre me contó al paso de los años o porque en alguna ocasión durante mi niñez volvimos a coincidir los cuatro, que, para aquella mujer, no era significativo con quien había compartido la habitación justo antes y justo después del nacimiento de su criatura.

Me asombra cómo hay quien recuerda su infancia más temprana. Yo tengo un recuerdo fugaz de ir corriendo por la sala de mi casa, salir por la puerta, llegar a la acera, tropezar y caer en el agua que cruzaba por la calle dado que en los años cuarenta los desagües de las casas no habían sido aún soterrados. Pero no creo que ese recuerdo sea del momento real sino del relato que me hacían de cómo esa mañana al lechero se le había roto en ese lugar una botella y mi tía abuela Isabel había ido de inmediato a recoger los vidrios por miedo a que yo pudiera herirme, algo poco probable porque yo era un niño rodeado de adultos muy cuidadosos, un niño tranquilo y sobreprotegido. Y esa mañana me caí donde el amor y la precaución no dejaron ni un vidrio. Mi tía abuela creía en el espiritismo sin dejar de tener un enorme poder de observación respecto a su entorno cotidiano y un sentido práctico tan presente como para no dejar de tarea a los espíritus el hacer lo que era ella quien tenía que hacer.
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